La disposición horizontal de mi ser, decretó el final de un día ionizado, de trabajo, calor, humedad, ensayo, chamamé y grata conversación.
En fin, la amable condensación elaboró una tormenta, la cual hizo de la noche, un lugar mas apacible para dormir y prestarse a los deleites de Hipnos. Y fue así, que por analogía con el argumento fui invitado a dar un paseo junto a Morfeo, siendo participe de un sueño de lo mas orientado a objetos.
* Utilizaré la primera persona, en presente y sin ningún tipo de conjugación para hacer notar lo que ya esta dicho, estoy relatando un sueño.
Al parecer, y de un modo muy cinematográfico, pertenezco a una corporación la cual, por alguna razón estaba relacionada con el Joomla. Muy posiblemente se dedicaría al desarrollo de sitios Web, y o de aplicaciones para este CMS, o, quizá de desarrollarlo íntegro.
Mi vida transcurre tranquila, asisto a mi oficina vestido de traje, conozco el sistema y puedo moverme cómodo dentro de él. Si bien no me llevo mal con nadie, solo tengo una estrecha amistad con una compañera de trabajo (la cual por alguna razón es la agente 99, si…).
[Hasta ahora, todo transcurre bajo una coherencia cinematográfica interesante, pero es nada al lado del conflicto del cual se vale la historia para buscar su desenlace].
Dentro del sueño, aparece el conflicto, que por supuesto me haría protagonista (tengamos en cuenta que es un sueño, sería muy triste no ser protagonista…), el conflicto esta encarnado en un gato, el cual debo proteger al enterarme de que lo quieren liquidar.
[La única razón que encontré para explicar esto es que el gato es el nuevo CMS, que finalmente va a desplazar al Joomla, y ante esto, la corporación simplemente quiere eliminarlo]
Tomo la tarea fuera de toda intención de persuasión de mis superiores, los cuales me ofrecen ascensos, ventilador de techo, y bidón de agua en la oficina que comparto.
Me comentan que esto pasaba cada X cantidad de tiempo, y que todos los que quisieron impedir la voluntad del Joomla, fueron muertos por Quimera (nombre que elegí yo, en pos de seguir con lo griego), criatura mitad rodwailer, mitad delfín, con una sola cabeza y dentadura afilada por el mismo Juan Carlos Petela. Esto no me detiene, y el furor épico que me tenía invadido era tan fuerte que seguí en mi convicción de protector del “Cat Messiah”. Recibí la visita de esta criatura, pero, y como no podía ser de otra manera (el protagonista nunca es acertado por una flecha), se atasca en un balcón y luego de patearlo, salgo corriendo con el gato en brazos (el gato es uno cualunque, rubio, chiquito aún, y va emitiendo algún que otro maullido); y como tampoco podía ocurrir de otra manera, mi camino lleva directo hasta mi compañera, única posibilidad de complicidad, y única posibilidad de genero opuesto en el sueño. Entro a su oficina, y si bien estaba dentro de un edificio, cerramos todas las ventanas y nos atrincheramos.
Hasta ahí llega el sueño, la novedad del día generalmente decreta el fin de estas historias cortas. Pero de solo imaginar la sinopsis suena interesante.
“Un hombre, descubre que desde hace mucho tiempo forma parte de una organización, la cual no permite el nacimiento del nuevo Mesías. Su tarea proteger a este “gato” de las fauces de una criatura mitad perro – mitad delfín.”






